miércoles

¿Hay personas reales en WoW?

Para responder a esta pregunta primero debo definir lo que yo considero como persona real, y esto es una combinación de alma y cuerpo, es decir de algo que nos permita interactuar (el cuerpo) y algo que nos permita procesar lo que nos brinda esa interacción.

Tomando como punto de partida esta definición ¿podemos decir que hay personas reales en juegos como World of Warcraft, Second Life, etc.? A primera vista parecería que no es posible que los personajes dentro de este tipo de juegos fueran considerados reales, pero que el cuerpo que poseen estos personajes no se asemejen a los nuestros más que en la forma eso no indica que no sean reales.

Los cuerpos que se adoptan al entrar este tipo de juegos son virtuales, intangibles para nosotros por lo que tendemos a pensar que no puede ser real, sin embargo ese es un cuerpo que interactúa y que posee una mente (la nuestra), y dado que la tiene puede reaccionar según sea necesario, es un cuerpo que tiene límites.

Entonces yo creo que estos personajes son personas reales en tanto nosotros estamos en el juego, son personas pero en un nivel de realidad distinto al nuestro, tal vez un poco mas alejado, un realidad que no comprendemos.

Pintura y Fotografia

La diferencia principal, creo yo, entre la pintura y la fotografia en el caso especifico en el que ambas representan a una mujer desnuda es que se perciben como cosas en dos niveles totalmente distintos.

En el caso de la pintura esta se percibe como algo mas abstracto como una apariencia de lo que en realidad es, y como aparariencia se maneja, es decir que no se ve la mujer en si, sino mas bien lo que vio el pintor al ejecutar esta pintura.

Mientras que al observar la fotografia se hace como si se observara a la mujer misma, causando una reacción pudorosa y de censura frente a la desnudez de la mujer.

En pocas palabras, la diferencia entre estas dos formas de representación es la misma que hay entre la "apariencia" y la "realidad".

Apariencia y Realidad

Russell comienza planteando una de las preguntas más problematicas para la filosofía, la cual es ¿Hay en el mundo algún conocimiento tan cierto que ningún hombre razonable pueda dudar de él?, para tratar este pregunta acudirá a una especie de duda de los conocimientos que damos por verdaderos pues según dice no es posible que dos personas conozcan de la misma manera una cosa.

Dado que este tipo de cosas pasa, es decir que dos personas no perciban de la misma manera todas las caracteristicas de algo, se puede hacer una distincion entre apariencia y realidad, y como lo que nos interesa es saber como son las cosas realmente, las apariencias no nos sirven en absoluto.

Para soportar esto se analiza que características de los objetos son realmente inherentes a ellos para al final concluir que todas las características que otorgabamos a los objetos (color, forma, textura, etc.) no estan realmente en el objeto puesto que tambien cambian segun el punto de vista, luego tampoco nos sirven para llegar a un conocimiento real.

Esto nos lleva a concluir que nuestros sentidos no nos dan información de lo que "es" la mesa sino de lo que aparenta ser la mesa.

martes

Un dia jhon edgar, quien habia visto a los aviones despegar, levantarse,
y gradualmente desaparecer en la distancia con frecuencia, tuvo su primer
viaje en avión.
Cuando el avión dejo de subir y el aviso del cinturon de seguridad se apago,
john edgar se volvio hacia su padre y dijo en un tono de voz algo aliviado pero
todavia perplejo, "Las cosas no se vuelven mas pequeñas aca."

"philosophy and the young child: Puzzlement", Gareth Matthews

-El papá se voltea hacia su hijo con una mirada de extrañeza y pregunta:
"por qué habrian de hacerse mas pequeña?"

*Pues es q como cuando vemos pasar un avion volando no se ven del
mismo tamaño q cuando estan en tierra.

-Ya veo, pero es q no es q realmente se vuelvan mas pequeños al elevarse
sino q a medida q se van alejando la vista nos engaña y nos lo presenta mas
pequeño.

*Pero como sabes eso?

-Pues es q ponte a pensar si realmente nos hicieramos mas chicos entonces
deberiamos sentir algo al cambiar de tamaño, no?

*Yo creo q si

-Pero ninguna persona ha dicho q se sintieron mas pequeños al bajarse del
avion.

*Pero el cambio puede no ser sentido

-Esta bien eso es posible, sin embargo asi como tu los vez pequeños otra persona q
este mas cerca lo vera mas grande, y como entonces el avion sera del tamaño q tu lo ves
y el del q otra persona lo ve al mismo tiempo?

*Pero eso no es lo que pasa en el caso de los rios?

-Pero si un rio siempre es uno solo

*Pero si el agua siempre esta corriendo!!!!! como va a ser el mismo???

-Por que a pesar de estar siempre en movimiento el agua es lo que lo hace
ser un rio como tal.

*mmmm no entiendo eso.....

-Es normal pq no te vas a dormir ahora?

*Esta bien.

lunes

Piedra Blanca

Con su mirada fija y su ilusión escayolada, divisó esa piedra, que le había traído un rayo, casi indiferentemente, y no pudo evitar sentirse herido de nuevo. Él, que se enamoraba tan fácilmente de cualquier cosa que consideraba hermosa y que por lo mismo se hallaba tantas veces tan defraudado e incluso traicionado por la vida misma, que no repara en consolar sino con su vaivén circunstancial y emocional, veía la piedra con otros ojos que no eran los suyos.

Para él la vida era un constante ir y venir, de amores, desencantos, ilusiones y desilusiones, pero aún no podía vivir con el hecho de que su piedra ya no fuera la de antes. Él amó una piedra en su soledad y esa noche oscura de días instantáneos por la lluvia inclemente, en una de las fotografías que toma el cielo y se queda para él o más bien para ella, la encontró.

No era una piedra común, era más bien su piedra. Era completamente blanca como una almendra y se veía tan dulce que incluso la probó, descubriendo una insipidez que no es característica de los minerales, y se abrasó a ella como el regalo más preciado que hubiera tenido alguna vez y, en algún sentido, lo era. Sabía que tenía entre manos una existencia completamente nueva, reducida al tamaño y a la hermosura de su piedra blanca.

Durante dos meses cobijó la piedra todo el tiempo en su bolsillo y cuando estaba a solas y el escenario era lo suficientemente meritorio, la sacaba para hacerle compañía y no podía evitar sonreír ante eso que era tan suyo y tan inexplicablemente acogedor. La cuidaba con celo y nunca mientras la amó la dejó caer o manchar.

Sin embargo, nadie parecía comprender su amor por su piedra y le demandaban que no perdiera el tiempo con tonterías. Que “allá afuera se está luchando por sobrevivir” y él se aislaba en el plano de su piedra, que era definitivamente mucho mejor que la de allá afuera y después de un día demasiado real para su gusto, se echaba en su cama y veía su piedra, sobre la mesa de noche junto a los cigarrillos, hasta que se dormía, sólo para seguir soñando con su piedra.

En momentos adversos, cuando la realidad llegaba a pesar demasiado, se mostraba optimista, recordando que tenía su piedra siempre con él, y entre lapsos de realidad y clarividencia, a través de su piedra, se infundía valor sin importar lo delicuescente que fuera el brillo del sol en esos días sin sol.

Había salido a encontrarse consigo mismo entre los altos edificios y limitadas aceras, que según él, reducían el terreno de búsqueda a algunos bares o quizás un parque. Estaba lloviendo a cantaros, pero él llevaba su impermeable y le encantaba sentir en su pelo las caricias que provenían de la fotógrafa clandestina, que eran muy diferentes al goteo muerto y rutinario de la ducha, a pesar de que no le permitía fumar.

Sintiéndose solo en ese día gris y en esa acera abandonada por los que temen al agua que no proviene de la bañera, acudió a su piedra que parecía purificar las gotas que caían sobre su blanca e invulnerada superficie y rodaban por sus costados terminando en un charco cristalino formado en la mano de él.

De repente, sin darse cuenta, él tropezó contra un escombro del detestable concreto que parece constituir la realidad como la vemos en las oficinas y calles a reventar de buses que en vez de pasajeros, llevan afán y cobran por transportarlo de un lado al otro. Acto seguido, la piedra se desprendió de su mano (porque la mano era tanto de la piedra como de él también) y describió una trayectoria parabólica hasta terminar en un charco café, resultado del sedimento de los zapatos y tacones cansados y sucios e indiferentes de la realidad.

Movido por el pánico, se lanzó al charco en búsqueda de su hermosa piedra blanca, pero se sorprendió al sacar una manotada de piedras blancas, todas muy parecidas. Sin embargo, todas manchadas e irreconocibles. Con las rodillas bajo el agua y las manos tanteando en la suciedad del charco, se topó con lo que presumió era su piedra y procedió a limpiarla, pero sin resultados. A pesar de que la piedra seguía blanca, no le quitaba el hecho de que se había ensuciado en el charco y nunca sería la misma piedra que le fue entregada por el rayo, impecable y hermosa.

Lamentándose por su perdida, la sostuvo agonizante en sus manos (ahora sólo eran de él) y soñó con recuperarla. Pensó que habría forma de limpiarla, pero al fin todo fue en vano y se dio por vencido. Sin embargo cargó con ella a pesar de que ahora era una piedra más y la masa que ésta representa.

Levantándose del suelo, todo empapado y avergonzado, sintió por primera vez en mucho tiempo que era mejor reservarse el grito que tenía a medio camino por el esófago, ya que se podía ver bastante ridículo y prestarse para malentendidos y se preocupó por lo que pudiera decir la gente. Aún se asombraba de la insensibilidad de las personas que lo veían desde las ventanas de esos edificios inclementes e impasibles. Es verdad que la piedra era sólo de él, pero el la cuidaba para que un día pudieran todos vivir con él en su piedra. Sí, esa piedra era para todos cuando vieran lo hermosa que era, pero ahora estaba estropeada y pese a todos los esfuerzos que él hizo por ellos, a ellos nunca pareció importarles. Su piedra ya estaba echada a perder.

Con su mirada fija y su ilusión escayolada, divisó esa piedra, que le había traído un rayo, casi indiferentemente, y no pudo evitar sentirse herido de nuevo. La palpó por última vez con sus dedos y la sintió áspera. Además que ahora la sentía pesada y común. Caminó hasta el parque que quedaba cruzando la calle y disimuladamente (se podría ver sospechoso) la arrojó en medio de un claro de pasto que encontró y la dejo ir indiferente, como se deja ir el humo del cigarrillo o al que camina en dirección opuesta a uno por la acera.

Ella iba caminando por el parque agobiada por la vida, tarareando un tango que resonaba en su cabeza, imaginando el bandoneón en todo su esplendor, con la ayuda de algunos tragos. Tanteaba cuánto dinero sumaba en las monedas de su bolsillo, pero insatisfecha con la aproximación generada por el tacto, sacó las monedas que pudo entre la estrechez de su bolsillo, tras lo cual una de ellas se escapó de su mano, yendo a parar contra una piedrita blanca que parecía especial. Ésta era muy hermosa, impecable e invulnerada.

Ella se sonrió y tomó la piedrita con mucho cuidado de no lastimarla, y por su aspecto, se atrevió a darle una probada, pues parecía una almendra. Se sintió dichosa por ella (y por la piedra) y por el que haya arrojado la piedra, pues estaba segura y no sin razón, de que él ya habría conseguido otra piedra blanca justo como ella que había perdido la suya en algún sucio charco de la sucia realidad.